viernes, 18 de mayo de 2018

Manna Gea, la belleza de lo auténtico


Manna Gea es uno de los alojamientos griegos de los que guardo mejor recuerdo. Está construido y decorado para el descanso y el relax. Situado en una pequeña bahía cercana a Vonitsa, es mi lugar en el Mundo. Un sitio especial. Un lugar para los que buscan el contacto más directo con la naturaleza. Si te gusta nadar, lo puedes hacer en soledad. Si te gustan los amaneceres o atardeceres espectaculares, este es tu sitio. Si te gusta la tranquilidad, allí la consigues. Si te gustan los sitios poéticos, esos lugares sencillos que evocan plenitud, Manna Gea te enamorará.





Manna Gea se localiza en un lugar sin edificaciones, al borde del mar entre campos de olivos, higueras, perales y pinos. A unos pocos kilómetros de Vonitsa, aunque tampoco está lejos de Preveza, ciudad que vale la pena conocer -tiene un bonito casco histórico y un puerto muy agradable con bares y restaurantes cerca del mar-.




La construcción del alojamiento es contemporánea, de líneas rectas. El cubo y el rectángulo están presentes en el diseño de su actual y original arquitectura. Discreta por fuera, confortable en su interior. Combina a la perfección el interior que evoca calma con el exterior rural y marino.

Grandes ventanales se abren al mar que se encuentra tras la verja que rodea este enclave. Dispone de un grato jardín con césped y una zona para tomar un café o una copa fría de vino blanco griego. 








Nuestro apartamento ocupaba la planta baja. Tipo loft, con cocina, salón, chimenea y una habitación separada del salón por una pared sin puerta. El lavabo era pequeño, con bañera. No se necesita nada más. 

La limpieza de la habitación era diaria. Sin problemas.

La cocina estaba perfectamente equipada y aunque no servían desayunos, los desayunos que allí tomamos fueron muy buenos. Vonitsa tiene buenas pastelerías y supermercados. Comprábamos y desayunábamos lo que queríamos. Así de simple.

La comodidad de los apartamentos no exigía ningún esfuerzo. Cogías el bañador y te zambullías en el espejo marino, porque los apartamentos están a unos pasos del mar.



El secreto de Manna Gea está en lo que le rodea. La naturaleza, el mar, lo salvaje, lo auténtico, el paisaje, el recorrido natural, las pequeñas barcas de los pescadores de los alrededores que se deslizan sobre el agua y en los pacíficos pastores de ovejas. Ni siquiera hay ruidos, si exceptuamos el sonido de las cigarras, el acompasado ritmo del calmo mar y el constante zumbido de las abejas al pasar. 



Cuando pienso en este alojamiento, me vienen recuerdos vívidos de la confortabilidad de nuestro apartamento, la belleza un tanto salvaje y rústica de la playa y de la libertad que nos producía estar allí.

Por supuesto, también, recordamos con cariño a la gerente del establecimiento, Niki. De trato familiar. Cordial, amable, educada y simpática. Nos facilitó muchísimo nuestra estancia allí. Sin dudarlo, una buena anfitriona.

lunes, 30 de abril de 2018

Pals, entre el campo y el mar




   

Nuestra primera parada en la demarcación geográfica conocida como l'Empordà fue en Pals. Teníamos interés en visitar este popular enclave medieval.

El municipio de Pals está formado por tres núcleos de población distintos, en localizaciones diferentes. Uno de ellos, la villa medieval de Pals, está situado sobre una empinada colina del interior. Un segundo, los Masos de Pals se ubica en un llano y más cercano al litoral. Finalmente, en la costa, se encuentra la playa de Pals típica población costera de nueva construcción edificada sobre una bonita y frágil zona dunar. Desde está playa se pueden ver las  islas de Medes, aunque no tan de cerca de como es posible hacerlo desde L'Estartit.



A nosotros nos interesaba visitar el centro urbano medieval de Pals y también la zona de la playa. Primero nos dirigimos al centro histórico Pals. Núcleo urbano cuidado y preservado. Tan cuidado y perfecto que da la sensación de ser un tanto impostado. Entrar en él, es viajar a un lejano pasado. Un buen número de edificaciones del centro de la villa son góticas, aunque también se dan las construcciones románicas y tumbas de época visigótica. 


      

La oficina de turismo se halla en la plaza del Ayuntamiento o plaza Mayor. Allí nos facilitaron información para hacer el itinerario. 

No había muchos turistas en el pueblo, quizá porque era temprano o tal vez porque no era temporada alta. La mayoría de calles estaban desiertas y eso nos facilitó nuestro recorrido por el intramuros de Pals.

Desde la plaza Mayor, atravesamos el arco gótico de entrada al recinto amurallado. Un laberinto de calles con edificios con sillares de piedra. Perfectamente restaurados.


  

Algunos edificios y casas conservan los arcos típicos góticos y las ventanas de arco ojival. Otros edificios o fincas son de nueva construcción, respetando eso sí, la forma constructiva del resto de las edificaciones.

La actual muralla es del siglo XII, con restauraciones en el siglo XVIII. Se conservan 4 torres de vigilancia.

Imponente es la vista desde la Torre del Homenaje, un mirador privilegiado. Esta Torre es de estilo románico, de planta circular y tiene 15 metros de altura. Desde ella, se ve la llanura, el mar y las islas Medes, si hace buen tiempo. Formaba parte del antiguo castillo de Pals. Ahora se yergue en solitario en la parte más alta de la colina.

   


Siguiendo el plano que nos dieron en la oficina de turismo, llegamos hasta la Iglesia parroquial de Sant Pere. La iglesia tiene distintos estilos arquitectónicos que abarcan diferentes siglos, desde el románico hasta el estilo neoclásico. Aunque su base era románica fue reconstruida en el SXV con sillares de piedra de las antiguas murallas y del castillo. La base es románica, la nave gótica, el dintel y la portada barroca y el campanario del siglo XVIII. 




Tras visitar el recinto medieval de Pals, nos acercamos a la larga playa de arena y dunas de Pals. De punta a punta, hay unos 3,5 kilómetros de playa. Una extensión considerable de arena, dunas y zonas de vegetación  típica mediterránea. Una playa muy bonita con vistas a las islas Medes, al macizo de Montgrí en la zona norte y al sur el macizo de Begur.


Pese a la belleza del entorno, no se puede obviar la especulación inmobiliaria de toda la costa mediterránea. Esta zona tiene un hábitat delicado. Al que hay que intentar mantener su lado más indómito: protegiéndolo y cuidándolo. Por ejemplo, no pisando las dunas, pasar por las pasarelas de madera habilitadas para ello y recogiendo la basura que generamos. Sobre todo no dejar plásticos, ni botellas de vidrio por sus alrededores. 




domingo, 15 de abril de 2018

Ermelo y el Parque Natural do Alvão, la autenticidad rústica



Desde el primer momento, la belleza inconmovible del Parque Natural de Alvão nos dejó cautivados. El día amaneció desapacible, pero no hacía frío. Una niebla intensa iba y venía, según pasábamos del llano a la montaña.

Desde Cabriz, en el Vale do rio Póio, cogimos la carretera M556 para llegar a la CM1145, pasando por valles y zonas montañosas. El recorrido discurría por bosques de altos abetos, pinos y helechos. Un recorrido altamente recomendable y que nos conducía hasta Ermelo y de allí a Lamas de Olo.



   
   

Un trayecto panorámico para llegar hasta Fisgas de Ermelo. Un barranco, de más de 400 metros de desnivel. Se trata de un tajo de vértigo en la montaña por dónde el río Olo cae, en potente cascada, hasta el lecho del valle. Estos saltos de agua forman, en algunos tramos, pozas de agua ideales para el baño en verano. Impensable bañarse en ellas en invierno.

Han habilitado una vía para hacer senderismo, la PR3. Así que, si te gusta caminar, es una buena idea hacer esta ruta.


   

En nuestra travesía por la Sierra de Alvão, atravesamos pequeños pueblos y aldeas anclados en el pasado y que evocan sosiego y rusticidad como Raposa, Carvalheira, Carqueijal, Azeveda, Cadaval y Tojais, entre otros. Algunas  sólo eran pequeñas aldeas con humildes casas entre pastos de ganado.

Aunque, nosotros decidimos hacer esta ruta más compleja, no obstante, también se accede hasta Ermelo por la N304, desde Modim de Basto. Por supuesto, el asfalto y las condiciones de la carretera son mejores desde la N304, sin embargo nuestro trayecto fue en cierto modo mágico. Solamente nos cruzamos con vacas sueltas. Ni un coche. Sin duda, no nos equivocamos eligiendo este peculiar recorrido.


El paisaje de esta área protegida por la Red Natura 2000 es una de las más bonitas que hemos visto. No sé cómo será en verano, pero con niebla y una fina lluvia parecía un paisaje salido de un cuento. Bucólico y misterioso. Había agua por todos los lados. Pequeños riachuelos y potentes torrentes.

Desde Ermelo, por Fervença llegamos a Lamas de Olo, en la otra punta del Parque. Un lugar singular, curioso, de casas en piedra, oscuras y con musgo verde, la mayoría establos dónde guardan las vacas maronesas típicas de esta área.



En Lamas de Olo, en este punto del viaje, la niebla se hizo tan densa y espesa que decidimos bajar otra vez al Valle de Póio, para poder ver algo más que una espesa nube blanca delante de nuestros ojos. Una nube que se asemejaba a la flor del algodón.