martes, 11 de julio de 2017

La Rioja

Situadas en La Rioja Alta, Briones y su vecina San Vicente de La Sonsierra son dos localidades riojanas dedicadas a la producción de vino.


El río Ebro discurre entre las dos poblaciones. Esta tierra ocre o rojiza es la cuna del vino con denominación de origen La Rioja.



En invierno, el campo arado parece yermo. Retorcidas vides, sin una sola hoja verde. Se hallan alineadas en franjas, en paralelo. Pasado el frío, las vides cobrarán vida y el campo se llenará de vides verde, con sus típicas hojas de parra. Una explosión de vida surgirá tras el aparente campo dormido.


Briones está a unos siete kilómetros de Haro y San Vicente de la Sonsierra a unos dos kilómetros de Briones. En ambas poblaciones, se erigen un número considerable de bodegas. También un montón de bares para tomar unas tapas y beber una copa del vino de la zona.



Además, si te gusta la cata de vinos, lo podrás hacer allí. Porque allí conviven pequeñas y grandes bodegas dedicadas a la producción de vino de La Rioja y que ofrecen justamente este servicio de cata. En estas catas, aprenderás que la mayoría de estas bodegas utilizan diferentes clases de uva para elaborar sus caldos, como: el Viura, el Tempranillo, la Garnacha, la Malvasía, el Graciano, el Mazuelo, la Maturana tinta y el Verdejo. La renombrada Haro se lleva la fama, por sus bodegas y por ser la capital de la comarca.

lunes, 26 de junio de 2017

Callejear por el centro de Barcelona

Nos habían pasado un folleto con el recorrido por unas de las tiendas más emblemáticas del barrio del Borne y aprovechamos para pasear por el barrio Gótico y acercarnos hasta el Borne.



El centro de la ciudad a las 9 de la mañana está precioso. Ni los visitantes ni los foráneos aún no han salido a pasear. Las calles están recién regadas y se respira un aire fresco y limpio que invita a caminar.




Bajando por Paseo de Gracia, llegamos hasta el Portal de l’Àngel. A primera hora de la mañana, es el único momento del día que puedes ver la calle sin aglomeración. Llegamos a la Catedral y cogimos la calle dels Comtes, dónde está la entrada al Museu Marés y al Arxiu de la Corona d’Aragó. Después nos acercamos a la bonita plaza del Rei, dónde se puede ver el Mirador del Rei  Martí y la Capella de Santa Àgueda.

A primera hora de la mañana, es una gozada deambular por el Gótico, porque puedes pararte a ver detalles arquitectónicos que normalmente no puedes pararte a contemplar.



Empezamos nuestra visita al barrio del Borne por la calle de l’Argenteria hasta la calle dels Sombrerers. Allí hicimos la primera parada en el antiguo comercio, que data de 1851, y que era una antigua tostadora de frutos secos, cacao y café: Casa Gispert.


 
Desde Casa Gispert, siguiendo la ruta del folleto nos acercamos hasta la calle dels Agullers, dónde está un comercio de venta de vinos de los más antiguos de la zona, desde 1932: Vila Viniteca. La distribución de las botellas de vinos dos alturas recuerda a las antiguas bibliotecas.


  
       

Desde Vila Viniteca, llegamos a Passeig del Born y de allí a la Plaça Comercial, dónde está otro de los comercios que aparecían en el folleto: Casa Perris. Allí venden de todo a granel, desde 1940. Frutos secos, arroz, harinas, legumbres, especias, cacao etc.


 
Aprovechamos nuestra visita para pasar por la calle dels Flassaders y ver: La Seca Espai Brossa. Antiguo edificio de la fábrica de la moneda, actualmente, convertido en un espacio para las Artes Escénicas. Pasear por esas calles estrechas te devuelve al medievo.

viernes, 9 de junio de 2017

Venecia, la seductora


Venecia es mucho más que la plaza de San Marcos y las calles que la rodean. Más que el Palazzo Ducale, la emblemática Basílica de San Marcos o el representativo Teatro La Fenice; aunque sin lugar a dudas los tres son edificios fascinantes e imprescindibles. Lo verdaderamente seductor de Venecia es la ciudad en su conjunto, con todas sus particularidades. Esencialmente, su estructura laberíntica, tan oriental. Sus canales y sus palacios, pero también otro tipo de construcciones más ligadas al funcionamiento práctico de la ciudad, como las plazas - llamadas "campo" o "campielli" si son más pequeñas -, el puerto y los astilleros.

Me gustaron mucho las plazas de Santa Margherita, de San Polo y de Sant'Anzolo. También las pequeñas plazas o "campos" de Pozzi, San Tomà y S. Zaccaria.


Que Venecia sea una ciudad sin coches le beneficia. Principalmente, porque se libra del estrés acústico que suponen los coches en el centro de las ciudades. La ausencia de coches hace que también quede al margen de la polución constante que generan los automóviles en las ciudades. 

A primera hora de la mañana, no hay prácticamente ruidos. Mientras paseas por esas estrechas calles que rodean la Plaza San'Marcos, antes de la llegada de las hordas de turistas, te asombra el silencio que respira la ciudad.





Un interesante ejercicio visual, es el de comparar un cuadro de Canaletto con una foto actual del mismo lugar. Por ejemplo, al ver un cuadro del citado pintor de la plaza de Sant 'Marco de 1730, te das cuenta de lo poco que ha cambiado la plaza. Ocurre lo mismo con otras zonas de la ciudad.

Si lo deseas, toma una foto del Gran Canal de Venecia o de la entrada al Arsennale y  compárala  con las "venutas" que pintó Canaletto sobre los mismos temas: el gran Canal o la entrada al Arsennale. No apreciarás la diferencia. La arquitectura se mantiene  prácticamente igual que en el siglo XVIII. Sólo que ahora puedes observar que, sobre los tejados, aparecen las modernas antenas, prototípicas de nuestra era.



 


Ha sido una suerte ir a Venecia para la inauguración de la Biennale, dado que coincide con la primavera que llena de vegetación y flores los jardines al mismo tiempo que "florecen" obras artísticas en cualquier rincón de la ciudad. Es una conjunción irresistible.


Instalaciones, eventos artísticos y performances hacían que las calles rebosarán aún más de color y de diversión. Color que ya respiran algunas calles venecianas con la ropa tendida entre los edificios de vecinos, como las calles adyacentes a la vía Garibaldi y que llegan más allá de la calle o canal  Fondamenta Sant'Anna. Ropa mojada de alegres colores que se halla tendida en un orden escrupuloso y en cierto modo estético.




Me gustó ir un viernes al mercado de Rialto y deambular entre las paradas de fruta o de pescado. Caminar por las calles de los alrededores y topar por casualidad con un museo: La Galleria d'Arte Moderna e Arte Oriental. Un museo que me dejó muy buen sabor de boca.



Me deslumbró Venecia por su historia y su arquitectura, pero además por sus peculiaridades venecianas que me sorprendían a cada paso o al girar una esquina. A veces, jugaba a descubrir los leones, de piedra o metal, que esconde la ciudad. Hay miles. Pierdes la cuenta. En la foto superior, en la entrada al Palacio o Palazzo Ducal, aparece un león alado sosteniendo un libro abierto, símbolo de Venecia. Un símbolo que está presente en toda la ciudad.



       

Venecia me cogió por sorpresa. Me dejó cautivada. No me esperaba lo mucho que me ofreció esta ciudad.

Si vuelvo a Venecia, intentaré que coincida con una Biennale, la de Arte o la de Arquitectura. Me da igual. Una tiene lugar en años impares y otra en años pares.

Las bienales confieren una atmósfera cosmopolita a la ciudad. Aunque, cualquier fecha es buena para ir a Venecia; yo personalmente huiría de los meses de julio y agosto. Por ser temporada alta de vacaciones en Europa y porque son las fechas de mayor afluencia de cruceristas.

sábado, 27 de mayo de 2017

Cadaqués, sobre sólida roca



Se mire como se mire, tiene cierta dificultad llegar hasta Cadaqués. Nosotros fuimos desde Roses por la estrecha carretera GI-614. Una carretera con muchas curvas. Un zigzag continuo.

La localización de Cadaqués, pese a la evidente dificultad de llegar hasta allí, es excelente sobre todo si te gusta caminar. Hay varios senderos señalizados que se adentran y recorren una buena parte del Parque Natural del Cabo de Creus. Puedes ver la belleza casi lunar del Paraje de Tudela o llegar hasta el  inhóspito Faro del Cabo de Creus.


  

El día era ventoso, como suele ser por esta zona. La Tramontana soplaba con fuerza en este rincón del Alt Empordà. Era tan fuerte el viento que resultaba incómodo.

Cadaqués está edificado justo en medio del Cabo de Creus, sobre una compacta y endurecida roca. Entre las poblaciones de Port de la Selva y Roses. El Cabo de Creus tiene acantilados de vértigo, orografía complicada y una costa recortada y salvaje.


 

Las montañas que rodean Cadaqués son empinadas y férreas. Sobre todo la del macizo de El Pení. Con el tiempo el hombre ha intentado aclimatarse a un espacio tan agreste y duro, construyendo bancales dónde cultivar entre tanta piedra.
Por la zona se cultiva el vino con DO del Empordà. Tiene merecida fama de ser un buen vino.
Mientras te vas acercando más y más a Cadaqués, la vides retorcidas forman parte de este peculiar paisaje.

    

 
     
La zona más antigua de la ciudad, se halla en las partes altas de las colinas que rodean el puerto y que forman el núcleo urbano de Cadaqués. Antiguamente, esta zona estuvo amurallada. Sólo quedan restos que se han utilizado para construir las casas. Las calles empedradas, con piedras de los alrededores, son resbaladizas cuando llueve.


 

En el frontal costero, puedes ver una amalgama de estilos arquitectónicos. Están asentados, edificios Modernistas como la Casa Serinyana, al lado de otros edificios de  mitad y finales del siglo XX.


Pero si hablamos de Cadaqués no podemos desligarlo del pintor Salvador Dalí. Muchos visitantes llegar hasta aquí atraídos por la vida y obra de este pintor.

Dalí vivió una gran parte de su vida en Portligat. En una casa construida sobre la misma piedra y cerca de una rocosa cala. Allí residió con su pareja y musa Gala, que fuera esposa del poeta dadaísta y surrealista Paul Eluard, pero esto es otra historia.