sábado, 14 de octubre de 2017

Azul infinito: Karavostaki

Durante un buen trecho, la carretera que te conduce hasta la playa de Karavostaki recorre en paralelo un pequeño riachuelo.

Esta calzada atraviesa una zona de una asombrosa variedad de árboles: pinos, laureles, cipreses, olivos, higueras, encinas, etc. En algunos tramos del camino, la temperatura descendía gracias a la frondosidad de los árboles. La sensación de frescura era muy agradable. 


Si algo caracteriza la playa Karavostaki es la transparencia casi irreal de su agua También, la tranquilidad del mar. Ideal para familias con hijos. Sin embargo, es una playa profunda, enseguida cubre, pero como el mar suele estar calmo, flotas sin apenas esfuerzo.

           

La playa es grande, aunque queda delimitada en ambos lados por altos acantilados. Dispone de buenos servicios de hamacas y parasoles. Además, de una buena zona de aparcamiento. Algo indispensable si vas en coche.

         
Hay tabernas, restaurantes, hoteles con pocas habitaciones y pequeños resorts. Sin embargo, desde la playa solamente ves el verdor de los árboles, la arena casi blanca, los frondosos acantilados y el inmenso mar azul. Únicamente, en uno de los acantilados asomaban las diferentes construcciones de un resort.



Sin ni una nube, m
uchas playas de esta zona del mar Jónico mudan su característico color de azul a lo largo del día. Las tonalidades de azules cambian con el paso de las horas, van desde el azul celeste al turquesa-esmeralda. Cuando el sol del mediodía da de lleno en el mar, el azul se vuelve intenso y brillante. Cegador. 



Sin dudarlo, esta fue una de las playas de esta región que más me gustaron. Placidez, limpieza, silencio (sin música, sólo el sonido acompasado del mar) y el agua del mar como un espejo ¿Qué más se puede pedir? ¡Ah! y también disponía de buenos servicios. Ideal. Relajante.

domingo, 1 de octubre de 2017

Sarakiniko, la media luna


Aconsejados por Sofía, una de las gerentes del Vassilis Guest House, nos dirigimos dirección Perdika y Sivota, hasta la playa de Sarakiniko. Playa que comparte el nombre con otra famosa playa situada en la isla de Milos.


Tras tomar el desvío a la carretera secundaria, advertimos que la ruta se bifurcaba en dos. No obstante, enseguida nos dimos cuenta que cualquiera de las dos carreteras nos conducían hasta la misma playa.

La carretera es estrecha y rural. Discurre por tupidos campos de olivos. La vegetación es tan espesa que los árboles son muy altos. Buscan la luz del sol.


Nosotros fuimos temprano para poder aparcar y coger sitio en primera línea de mar. Creo que es lo mejor, llegar pronto para poder coger sitio. 

De todos formas, comprendimos que la gente no llega a la playa hasta bien pasadas las 10 de la mañana. Nosotros llegamos a las 9 y  prácticamente estábamos solos.

Sin embargo, una gran mayoría de personas llegó hasta la playa, sin coche. Llegaron en bote-taxi directamente desde Parga hasta la misma orilla de Sarakiniko. Si bien, puede tener sus ventajas, eso te obliga a depender de otra barca para regresar a horas convenidas y no cuándo te apetezca o te canses de tomar el sol.





Cuando aparcamos en una sombra nos fijamos que habían muchas sombrillas y hamacas vacías, no obstante, con el transcurso de las horas quedarían todas ocupadas.

En Grecia, en verano,  el sol aprieta con fuerza y es muy importante buscar una buena sombra, ya sea debajo de un árbol o bajo la sombra de un parasol. No puedes resistir el calor fuera del agua. Indudablemente, tienes que ponerte a resguardo del sol.



Sarakiniko es una playa bonita como muchas otras de esta región, pero me dio la impresión que era una playa muy popular y que recibía muchos más turistas que otras playas de los alrededores. Por otro lado, tal vez al ser una playa bastante cerrada dé la sensación de que hay una mayor ocupación sin ser necesariamente cierto.




Esta playa  no es muy grande. Su configuración cerrada recuerda a la forma de la media luna.

La vegetación llega hasta el borde de el mar a ambos lados de los acantilados de la playa.

Solo unas pocas tabernas, apartamentos y restaurantes se localizan en ella. Existe una taberna colgada del acantilado. Vale la pena realizar el esfuerzo de subir por las empinadas escaleras. Tienes una buena recompensa, desde ese lugar las vistas al mar y la playa son sensacionales

viernes, 15 de septiembre de 2017

Costa griega del noroeste, entre Preveza, Parga y Sivota

Para pasar la mayor parte de nuestras vacaciones veraniegas, este año elegimos una zona relativamente amplia cercana a Albania, en plena costa griega del mar Jónico.


La característica principal de este territorio es su espesa y variada vegetación que llega hasta el mismo borde de la costa. Llueve abundantemente en invierno y esa es una de las razones de la alta biodiversidad de este entorno y de la abundancia de ríos y riachuelos.


 
Las elevadas montañas de la Cordillera del Pindo forman una muralla rocosa. En esta peculiar región, tanto en invierno como en primavera, la brisa húmeda del mar se concentra e impregna toda la vegetación de rocío creando un rico hábitat natural.



Uno de los principales ríos es el Acheron o Aqueronte. Su estuario permite una variada agricultura y en su valle se cultiva, maíz, arroz, legumbres y una buena variedad de árboles frutales, sobre todo de melocotoneros.



Por aquí no hay grandes ciudades, si exceptuamos Preveza o Ioánnina. Los pueblos suelen ser pequeños y excepto Parga, no tienen mucho turismo. Parga, sí. Es una ciudad dedicada toda ella al turismo. Es bonita y colorista, con un ambiente bohemio de playa y con la posibilidad de hacer un montón de actividades de ocio relacionadas con el mar. Estas características atraen fuertemente al turismo, pero dado que nosotros huimos de las zonas masificadas, en Parga sólo estuvimos una tarde horrible de calor y elevada humedad. Con eso tuvimos suficiente. 




Llegamos  a nuestro destino, asombrados por la belleza de la naturaleza. Desde la carretera, podíamos ver la espesura de la vegetación. Una efervescencia de tonos verdes que nos daba la bienvenida a nuestro primer alojamiento.


No nos imaginábamos que tras ese manto verde de árboles se esconderían unas playas tan hermosas como bien preservadas. Algunas poseen ese aire rudo y salvaje tan característico de Grecia, pero la gran mayoría se han librado de la abusiva especulación inmobiliaria y se hallan libres de los omnipresentes kilómetros de ladrillos que afean la costa mediterránea y destruyen el entorno.




La mayor concentración de hoteles, apartamentos, hostales y resorts se encuentran localizados  en los alrededores de Preveza y en las poblaciones de Parga, Perdika y Sivota, dejando un montón de kilómetros de costa virgen de construcciones.


Algunas playas del Epiro, sufren del acoso constructor, como la playa de Arilla, pero aún no padecen de una fuerte edificación y el entorno se mantiene más o menos preservado y cuidado.

domingo, 3 de septiembre de 2017

¡Kalimera, Hellas! ¡Buenos días, Grecia!

Nos ponemos eufóricos cuando llega el mes de junio, porque está más próximo nuestro viaje a Grecia. Durante los últimos años, una parte importante de nuestras vacaciones veraniegas, las hemos disfrutado en el país heleno. 

 

Cuando estoy aturdida por la vorágine de la ciudad y el trabajo, se me olvida lo mucho que me gusta Grecia, pero cuando regreso allí, comprendo mi fascinación por este país. Contiene los elementos principales  para pasártelo bien, o por lo menos para que yo me lo pase bien. Una naturaleza con grandes contrastes. Zonas áridas, aparentemente desérticas, humildes y complicadas. Otras áreas, con una vegetación deslumbrante, de manto verde, tupido y frondoso. 


En líneas generales el carácter heleno es afable. En las zonas rurales o en los pequeños núcleos urbanos, siempre te saludan por la mañana con una sonrisa y un Yasas o un Kalimera; por las tardes, con un Kalispera.


Grecia posee una línea costera extremadamente sorprendente. Con largas playas y/o pequeñas calas que satisfacen todos los gustos posibles. Siempre encontrarás una playa para la satisfacción de uno. Las hay de rocas, ideales para el buceo, de guijarros para no ensuciarte de arena y las hay de arena fina dorada o blanca. También, he visto playas que no lo son; sólo una simple escalerilla en un puerto para entrar al mar a nadar. Hacen la vez de improvisadas playas.


Desde cualquier ángulo de las atalayas costeras helenas puedes observar el serpenteante litoral recortado sobre el intenso azul del mar griego. Es una gozada. No nos cansamos de contemplarlo. Nos fascina.



La costa helena, se halla salpicada de multitud de islotes e islas de diferentes tamaños (más de tres mil). Pequeñas como la de Itaka, Kalamos, Milos o Paxos, medianas como la de Lefkada o la de Kefalonia o Citera y grandes islas como la de Creta o la de Corfú. También, hemos visto peñascos puntiagudos e inhóspitos que sobresalen desafiantes del mar y que no llegan a ser ni siquiera islotes. Son solamente rocas esparcidas, sin orden aparente,  a lo largo de la costa.

 

          

Este año,  hemos viajado a la área geográfica de Epiro. Lo que más nos ha sorprendido del viaje es la altura de las montañas de esta zona: la Cordillera del Pindo. 



Cordillera imponente que corre paralela al mar Jónico, de norte a sur. Con un pico de más de 2.600 metros -el monte Smolikas-. Sus montes son picudos y pelados en las cumbres. 

En invierno, suele llover mucho en el territorio del litoral norte próximo a Albania y nieva fuertemente en las cumbres más altas y cercanas a Ioánnina. 



Hemos aprovechado que concurrían muchos ríos por la zona, como el mítico río Acheron o Aqueronte, para vivir otro tipo de viaje, no tan de playa. Turismo de interior, tranquilo y relajante. Ideal para combatir el fuerte calor del verano.

sábado, 26 de agosto de 2017

Morella y su muralla

Desde Peñarroya de Tastavins, sólo hay unos 30 kilómetros hasta Morella. Así que, aprovechamos que estábamos por esa zona para acercarnos a Morella.



  
Morella se halla situada sobre un promontorio rocoso y de difícil acceso.
Es un enclave estratégico y con una larga historia. De hecho, esta área está habitada desde el Neolítico, Edad del Bronce y del Hierro (se han encontrado piezas de esos períodos en excavaciones arqueológicas).



Actualmente, Morella es una ciudad de turismo de interior. Se localiza en la Comunidad Valenciana. Siendo la capital de la comarca de Els Ports de la zona castellonense.

De climatología extrema, sus veranos son cálidos y sus inviernos muy fríos, ya que está a pocos kilómetros del puerto de montaña: Torremiró.



Morella se halla protegida por una alta muralla que rodea el perímetro más antiguo de la ciudad. Son cerca de 1500 metros de muralla, construida en varias fases. Se conservan 7 puertas de entrada y 10 torres de vigilancia. Las puertas de entrada son: la de san Mateo, san Miguel, del Rey, de los Estudios, de la Nevera, Forcall y Ferrissa.

Aparcamos en una de las puertas de entrada a Morella en la de san Miguel. Camino del castillo, el recorrido urbanístico de la ciudad invita a pasear tranquilamente por sus calles de trazado medieval.




La calle Blasco de Alagón tiene las casas con los bajos aporticados y los domingos bajo los porches se celebra un mercadillo desde la Edad Media. Allí se vende frutas, verduras, encurtidos, etc. Como era domingo nos dedicamos a curiosear por las paradas. Además, en esta calle se concentran la mayoría de los colmados y tiendas de exquisitezes, productos típicos de Morella y suvenires.

Es la calle más animada. Si pasas por ella, haz una parada para contemplar el Ayuntamiento. Es un bonito edificio de los siglos XIV y XV, de estilo gótico-renacentista. Puedes visitar las salas góticas del Consell y la Prisión.



Camino al Castillo pasas por la majestuosa basílica de Santa María La Mayor, de estilo gótico.
La fachada de la basílica tiene dos puertas de entrada: la de los Apóstoles y la de las Vírgenes. Las esculturas se mantiene pese al paso del tiempo.
El interior de la basílica tiene una escalera impresionante que sube al coro y un gran altar mayor de estilo Barroco, que ni te lo imaginas.




Previo pago de 3,50 euros por persona, accedimos al Convento de Sant Francisco, actualmente en obras, y al maltrecho castillo de Morella.

El paso del Tiempo, el expolio y las guerras han dejado su huella en este histórico lugar. Pero pese a su actual estado, te puedes imaginar perfectamente cómo se vivía dentro de esta fortaleza de 8.000 metros cuadrados.
Mientras subes la empinada cuesta, el castillo parece despeñarse. Una moles gris de piedra natural lo sostiene.




Tras la puerta princial hay un pequeño museo que explica la historia de Morella y los acontecimientos más importantes por los que ha pasado la ciudad. Interesante.
Tras subir un montón de escaleras llegas a la plaza de Armas. Las vistas desde allí abarcan una enorme extensión de territorio.